miércoles 31 de marzo de 2010

Respuesta a El paternalismo del Estado contemporáneo

Esta tarde he leído con ganas el trabajo de mi amigo Pepe, llamado El paternalismo del Estado contemporáneo, el cual ha publicado por entregas en su blog. He de darle las gracias por tener antes que sus lectores el trabajo completo.

La verdad es que hay un punto clave en su trabajo que él ha dejado entrever pero en mi humilde opinión no ha puesto todo el énfasis que debería, desde aquí quiero hacerle esa crítica en el tono más constructivo.

Menciona en la introducción que se nos priva de nuestra libertad no para proteger los derechos o las libertades de los demás si no para protegernos de nosotros mismos. Esto no nos ha de extrañar, ya que en nuestra querida Europa hemos delegado por completo nuestra responsabilidad y libertad al Estado, creemos que el Estado (recordemos formado por hombres como nosotros), no se equivoca y es omnisciente, por tanto nuestra vida viene dirigida desde arriba, pero no por un ser omnisciente como Dios, si no por unos burócratas que nos dicen qué, cómo y cuándo hacerlo todo, no por nuestro bien, si no, con amenazas de multas e incluso cárcel, es decir, usando la fuerza.

Siempre se ha dicho que el Estado está para defender nuestra libertad de las injerencias de otros, es decir, nuestra libertad termina donde empieza la del vecino. Hasta ahí estoy de acuerdo, el problema es que en una sociedad libre (de verdad), cada individuo tiene capacidad para usar los medios para defenderse, hoy en día esto no es posible, ya que los únicos medios de defensa están en manos del Estado, es más, ni siquiera nos podemos asociar o pedir a otros que nos defiendan.

Ahora bien, ¿qué ocurre con los delitos contra uno mismo? Tipo no ponerse el casco, el cinturón, fumar, beber, drogarse o... todos las infinidad de controles para defendernos de nosotros mismos. Pues volvemos a lo mismo, tenemos un Estado que por un lado nos quita todos esos recursos de nuestras manos, lo cual es un robo, y segundo, en vez de usar esos recursos para perseguir los verdaderos delitos que son el uso de la fuerza contra una persona o su propiedad, los desvía a defendernos de nosotros.

Por último, habla de Stuart Mill como referente el ideal del liberalismo y la democracia, esto no lo pongo en duda, el problema es, que la democracia, aunque sea el menos malos de los sistemas no es un dique contra el paternalismo del Estado, más bien al contrario, es la imposición de las conductas de la mayoría (más o menos amplia) sobre todas las minorías, con lo cual evita que se mejoren las propias conductas, ya que como ha explicado Hayek en algún que otro libro y Huerta de Soto en sus clases y todos los maestros de la escuela austriaca, las normas morales surgen poco a poco a través de una evolución, de modo que implican un cambio con respecto a lo que hace la mayoría.

Es más, el paternalismo del Estado es más perverso de lo que pueda parecer, ya que las instituciones, moral, familia, dinero, derecho, lenguaje... surgen a través de un proceso espontáneo en la sociedad en la que las mejores o más usadas reglas de comportamiento en cada ámbito van ganando terreno, como por ejemplo, es mejor realizar intercambios voluntarios que tratarnos a tortazos, el Estado en cualquier ámbito es como un elefante entrando en un garaje, nos impone una única norma de conducta, empezando por el derecho que ya es simple legislación, siguiendo por el dinero, que hoy en día sólo podemos usar el que imprime un organismo de planificación central llamado banco central, el lenguaje con todas las piruetas y sus correcciones y el siguiente paso la moral con la infinidad de ejemplos que vemos hoy día.

Sólo me queda felicitar una vez más Pepe y esperar que siga escribiendo para mantener vivo el debate liberal.

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1 comentarios:

Pepe dijo...

Gracias por la crítica y por la publicidad que le das a mi escrito. Me honra mucho.

La verdad es que el tema da para mucho y diez páginas no son suficientes. En cualquier caso, es cierto lo que apuntas sobre la democracia. En otro ensayo que publicaré en tres semanas ("Desmitificando el liberalismo iii: los derechos humanos") apunto precisamente lo que dices sobre el abuso de la mayoría. Yo creo en la democracia como poder limitado de la mayoría y esa limitación considero que está precisamente donde la ubica John Stuart Mill, esto es, en una legislación de mínimos que garantice la no injerencia en nuestra libertad. Nada más. Sin embargo, eso se vulnera constantemente en la actualidad. La democracia ideal, que sería ésa, no se da. Por contra, lo que tenemos es un sistema de gobierno de abuso "moderado" de una mayoría dominante.

Sobre la cuestión de la seguridad, ya sabes que no vamos a estar tan de acuerdo. Yo soy de la opinión de que si debe haber Estado mínimo es precisamente para garantizar la seguridad, lo que no hace demasiado bien ahora ya que la seguridad no es sólo la función de policía de la administración pública sino también el derecho a la tutela judicial efectiva, lo que está profundamente comprometido por el pésimo funcionamiento organizativo. La seguridad privada es una alternativa en tanto se ejerza con unas garantías que eviten abusos de poder privados. Y, por otro lado, el arbitraje y la mediación tienen sus limitaciones, pero deberían mejorarse.

En fin, agradezco una vez más tu alusión y aprovecho para decir que la conclusión y la bibliografía la publicaré la semana próxima.

Un saludo.