lunes, 16 de enero de 2012

¿Somos unos ingenuos los liberales?

Hay una crítica muy común a los liberales cuando se nos dice que somos unos ingenuos y que creemos que todos somos buenos. Nada más alejado de la realidad. Teniendo en cuenta que los liberales somos individualistas metodológicos, que sólo el individuo es el que actúa, cada vez que se analiza una institución u organización hemos de remitirnos a los individuos que la forman.

Por tanto, los liberales tenemos recelo a que unos individuos tenga el monopolio de la ley y la violencia, ¿eso en qué sistema ocurre? Pues en los sistemas actuales, donde el Estado tiene el monopolio de la violencia legítima, toma ya la definición de marras. Vaya que en un sistema liberal, la violencia siempre aplicada como legítima defensa está descentralizada, cada individuo puede aplicarla, si no, puede contratar a empresas de seguridad o unirse un grupo de individuos de forma voluntaria.

Por el contrario, ahora el Estado de forma unilateral puede aplicar la violencia como, cuándo, dónde y contra quienes quieran. Para empezar lo hace sobre cada uno de nosotros con todos los impuestos y legislación a cualquier nivel, desde el municipio hasta el europeo. 

De hecho el inicio de la violencia continua lleva a la destrucción mutua y no supera ningún cálculo económico salvo que uno sea un suicida o que la otra parte no va a responder. De modo que, sólo el Estado sabiendo que los ciudadanos no van a responder, ya que no tienen medios ante cualquier medida que él aplique, puede usar la violencia de modo arbitrario.

Resumiendo, ¿quién es más ingenuo? ¿Un liberal que desconfía de todo el que concentre poder y use la violencia? ¿O un intervencionista que deja a los ángeles que gobiernen en modo de un Estado omnipotente?

1 comentario:

Bastait dijo...

“....en un sistema liberal, la violencia siempre aplicada como legítima defensa está descentralizada, cada individuo puede aplicarla, si no, puede contratar a empresas de seguridad o unirse un grupo de individuos de forma voluntaria.”

Es decir, en la antigüedad, los nobles se erigieron en grupos de poder por su capacidad y voluntad de ejercer la violencia, logrando con ello territorios en los cuales los siervos estaban protegidos pagando su seguridad a cambio de trabajo y sumisión.

Aquellos que no quisieron seguir sometidos a ello fueron a las ciudades, las amurallaron y se sometieron al grupo voluntariamente de manera que la protección no la proporcionaba ya el noble con su ejército sino la milicia ciudadana. A la cual contribuían con su vida y, también, con su dinero en forma de impuestos.

El problema no es ser un ingenuo, el problema es no querer reconocer las lecciones de la historia y negar la naturaleza humana.